UNA CUESTIÓN DE GÉNERO Y NO DE RELIGIÓN




El juego forma parte de la cultura e identidad de toda una sociedad. Desde las primeras sociedades, el juego ha estado presente en el quehacer diario, como pieza del engranaje de la cultura, convirtiéndola en numerosas facetas que la vertebran, como ocurre con el deporte. Ya sea el fútbol, el beisbol, el tenis, la danza, el esquí, la natación, el tiro con arco, etc.

Sus variadas características, han logrado congregar a diversos grupos de personas, desde desconocidos, pasando por familiares y amigos, pero también, incluso, con enemigos. Símbolo de unidad e identidad de un grupo, su significado sigue prevaleciendo de manera importante. Abarcando numerosas esferas del marco social (a nivel profesional y económico). Es por ello necesario afirmar que el carácter lúdico que están presente en estas actividades, guardan una estrecha relación en torno a la noción de lo sagrado. Es decir, no es una acepción precipitada relacionar juego y ritual como propuso Johan Huizinga .Quien atribuyó que, el juego y su carácter lúdico guardan una connotación con la esfera sacra. Lo que entraría dentro del campo del ritual.

Podemos entender el juego como un rito, ya sea colectivo o individual, que se reproduce en un momento determinado, a fin de alcanzar un estadio sagrado de trascendencia con lo divino. En cierto modo, es un rito de paso. De hecho, el periodo medieval es por antonomasia el marco donde el juego guardaba un carácter sacro, por los rituales que lo acompañan, guarda una relación importante con el juego: las batallas de caballeros, los torneos entre otros aspectos que dibujaban la Edad Media.
Dicho lo cual, si trasladamos nuestro planteamiento a la hora de hablar del deporte en el mundo árabe. O, más bien, si hablamos de la idea de deporte y mujeres. Como todo ámbito que se precie dentro del mundo arabo-musulmán, existen noticias y sucesos que no están exentos de polémicas que se generan y existen al respecto, donde el debate gira en una dirección equivocada. 

Es decir ¿qué relación guarda el papel que ocupan las mujeres en el deporte? En determinadas competiciones de las Olimpiadas o en encuentros deportivos de carácter mundial, se producen encuentros que dejan de fondo, imágenes que entran a debate. Tal es el caso del uso de hiyab para mujeres deportistas



Incluso también, este símbolo musulmán, se ha extendido a otras actividades para las atletas musulmanas


A voz de pronto, diríamos que no es compatible esta noción religiosa en torno al mundo deportivo. Puesto que, habitualmente existe una diferenciación, al menos, como lo entendemos desde una perspectiva desacralizada, tal y como señaló Mircea Eliade entre el mundo sagrado y el mundo profano.
Sin embargo, esa esfera no parece romperse para el caso de las deportistas musulmanas, cuyos atuendos, enmarcan esa unidad que existe entre el carácter lúdico y, por ende, lo sacro. Por ello, con lo que hemos expuesto, ¿no sería una falacia establecer una disyuntiva entre lo sacro y lo lúdico, como si fueran incompatibles, aún cuando, basándonos en Huizinga, puede predominar y así ha existido, una relación entre ambos polos? Lo que sí cabría preguntarse, a mi modo de ver, es lo referente a la cuestión religiosa. Es decir, si subyace una cuestión de género. Si esta particularidad, llamemosla sacra, tiene sus efectos solamente para ellas y no para los hombres. Porque de ser así, el debate adquiere otros matices, pertinentes de ser tratados y analizados.

















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