La guerra nos quitó tu mirada: la Gran Mezquita de Alepo


Antaño hablábamos de Alepo como una ciudad puente entre Oriente y Occidente, una de las ciudades más antiguas del mundo en una zona ubicada en el Creciente Fértil y un enclave comercial desde su existencia. Con la expansión musulmana la ciudad cayó en manos de las tropas árabes y muy pronto, a principios del siglo VIII, se terminó la construcción de su Gran Mezquita. Hoy hablamos de esta ciudad del norte de Siria no por su esplendor ni el de su mezquita mayor, sino por la destrucción tras la guerra civil que ha asolado el país.

En 2011, la guerra civil enfrentó a los partidarios del gobierno con la oposición mientras que el terrorismo encontraba un sitio donde desarrollar sus prácticas, entre ellas la destrucción del patrimonio. El final de la guerra no impidió que Assad se mantuviera en el poder. Sin embargo, Alepo quedo muy dañada, así como otras ciudades, yacimientos y ruinas históricas como las de Palmira. La Gran Mezquita de Alepo sufrió graves daños en la guerra fraticida, que no cambió el poder establecido y perdió, no sólo edificios históricos y culturales con miles de años de antigüedad, sino santuarios religiosos como fue la mezquita, que con más de mil años de historia, seguía siendo el centro espiritual de la urbe al que asistían los creyentes. Es un edificio donde no existe la normalidad ya que el almuédano no puede llamar a la oración a los creyentes desde el alminar porque éste ya no existe.  


La imagen comparativa y desoladora de la mezquita y la ciudad antes y después del estallido de la guerra civil muestra el poco interés que causa el patrimonio cuando se dan conflictos de este calibre. Más aún cuando se trata de una guerra relevante internacionalmente que se usa como tablero por las grandes potencias para mover sus fichas y garantizar sus intereses nacionales mientras se obvian los del territorio en cuestión. Los intereses geoestratégicos y las ansias por apoderarse del petróleo existente en Siria dejó a sus ciudadanos en manos del caos, el terrorismo y la destrucción sistemática. Su patrimonio quedó secuestrado, vendido y diezmado por bárbaros que promovieron el aniquilamiento de la identidad nacional siria a través de la destrucción de su pasado histórico y cultural. Mientras tanto, los observadores de la ONU, sus Cascos Azules y la UNESCO se mantuvieron de brazos cruzados ante la barbarie y el terror.

No obstante, entre tanta ruina causada por el ‘memoricidio’ hay una hilo de esperanza para la reconstrucción de la ciudad y de una de las mezquitas más bellas y antiguas del mundo. Su reparación está en marcha y los alepinos están cada vez más cerca de poder volver a reunirse cada viernes en ella u observar su alminar desde la ciudadela mientras realizan cualquier actividad de su vida cotidiana. Es un paso más hacia la reactivación económica del país que permitirá volver poco a poco al statu quo anterior y poder recibir a millones de turistas impresionados con el patrimonio cultural.  


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