La recuperación de un sueño olvidado


Si se preguntaran los nombres de los países que luchaban en los años sesenta por el dominio del espacio a la generación que vivió como propia la carrera espacial de aquellos años, la respuesta sería, invariablemente, Estados Unidos y la Unión Soviética. Pero se equivocarían. Había en aquel momento otro país pequeño e impensable que, sin buscarlo en un principio, se estaba abriendo hueco en esa lucha por la conquista del espacio.

La desconocida carrera espacial libanesa comenzó en 1961 en la universidad armenia Haigazian de Beirut. Allí, el profesor Manoug Manougian fundó un club de ciencias (la Lebanese Rocket Society) con el que pretendía atraer a los estudiantes y estimular su interés por la materia. Sin embargo, estos jóvenes soñadores terminaron convirtiéndose en los pioneros de la exploración del espacio en el mundo árabe.

Los primeros cohetes de una fase se lanzaron desde una granja en las montañas de Beirut. Los siguientes, unos cohetes rojos que llevaban el nombre de Cedar, el árbol símbolo del Líbano, eran unos artefactos mucho más  sofisticados, de dos y tres fases, que utilizaban combustible sólido como propulsor y que lograron rebasar la línea Kármán, que marca el límite entre la atmósfera y el espacio exterior. 


Lanzamiento de un cohete desde las montañas de Beirut


Este programa espacial, que empezó como una aventura privada, pero que tras sus éxitos iniciales recibió ayuda financiera, técnica y logística del Gobierno libanés, se convirtió pronto en fuente de orgullo nacional y contribuyó a la construcción y fortalecimiento de la identidad libanesa. La sociedad entera se sentía orgullosa de sus logros, que se celebraban en la calle y se recogían puntualmente en la prensa. En 1964, el Gobierno llegó incluso a emitir una serie de sellos con la imagen del Cedar IV para conmemorar los 21 años de la independencia del país.


Serie de sellos conmemorativa de la independencia


Sin embargo, el alcance de estos cohetes era cada vez mayor y, de ser utilizados para fines no pacíficos, podrían llegar a constituir una amenaza para los países vecinos. Por ello, se recibieron numerosas presiones internacionales que acabaron con la breve carrera espacial libanesa en torno a la guerra de junio de 1967, también llamada guerra de los Seis Días.

Tras la supresión del programa, este episodio desapareció por completo de la memoria colectiva de los libaneses, como pudieron comprobar los artistas Joana Hadjithomas y Khalil Joreige al rescatar la historia en 2013 en un documental titulado The Lebanese Rocket Society. Para ello, construyeron una réplica en blanco del cohete Cedar IV en una fábrica de Dbayeh, el lugar inicial de lanzamiento, y la transportaron por las calles de Beirut hasta la Universidad Haigazian. Así dieron a conocer internacionalmente esta historia, avivaron la memoria de los libaneses y recuperaron este sueño olvidado que, de no haber terminado de una manera tan abrupta, podría formar parte actualmente de la historia espacial.


Anuncio del documental The Lebanese Rocket Society
Transporte de la réplica del Cedar IV por las calles de Beirut




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